Son guapos. Son sexys. Son listos. Son peligrosos. Y nunca mueren. Al menos no todavía. Se acaba el año y ya está todo preparado para empezar a rodar la cuarta temporada de True Blood, la exitosa serie de HBO dirigida por Allan Ball (A dos metros bajo tierra, American Beauty) a partir de los libros de Charlaine Harris.

La crítica se divide. Yo me mojo: sí, me gusta True Blood. Sí, es adictiva, sorprendente, tiene un guión sólido y unos personajes interesantes. De hecho, contó con 5 nominaciones en los Emmy y fue candidata a mejor serie en los Globos de Oro.

Como mínimo, el planteamiento es curioso: la existencia vampírica está normalizada, y ellos intentan integrarse en una convivencia normal con los mortales. Básicamente, prometen no comérselos gracias al sustitutivo de sangre embotellada “Tru Blood”. Hasta tienen una liga proderechos vampíricos y todo (buenísimo el plano de la revista del corazón con el titular “Angelina Jolie adopts a vampire boy”).

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